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Con Amigos Como Usted

April 14, 2008

La decisión demócrata de aplazar el voto sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia es un serio obstáculo para la política comercial de los EE.UU. y sus relaciones en el hemisferio.

El TLC entre los EE.UU. y Colombia es el resultado de décadas de política bipartidista que ha sido exitoso para ayudar a reducir la violencia en Colombia,  para fomentar una de las tasas más altas de crecimiento económico en la región y respaldar un gran aliado en la región.

Después de haber asumido el poder en uno de los momentos más caóticos de la historia del país, el presidente Álvaro Uribe ha avanzado dramáticamente en el restablecimiento del orden y se ha convertido en uno de los principales defensores del mercado libre en el hemisferio.

Darle la espalda a Colombia con el TLC no sólo debilita las ganancias obtenidas en la última década; también manda una señal negativa de que no se puede confiar en las promesas que EE.UU. hace a sus aliados.

El TLC tiene sentido económico para los negocios y la fuerza laboral en los EE.UU. Aunque los votantes en los EE.UU. están preocupados por su seguridad laboral, el tratado de libre comercio con Colombia crea un nuevo mercado para las exportaciones estadounidenses.

Por más de 15 años, las exportaciones colombianas han tenido libre acceso al mercado estadounidense gracias al tratado con países andinos para erradicar la producción de narcóticos.

El TLC ofrece, por primera vez, acceso libre a las exportaciones agrícolas y manufactureras de los EE.UU. al mercado colombiano.

Este acceso podría aumentar el PIB de los EE.UU. en US $2.5 miles de millones.

Alguna vez identificado por su criminalidad y violencia, Colombia es hoy un país mucho más seguro gracias al gobierno del presidente Uribe.

La tasa de criminalidad que posicionó al país como el más violento del mundo, se ha reducido de 28.837 en el 2002 a 17.198 en el 2007, y los secuestros han pasado de 2.882 casos en el 2002 a 521 en el 2007.

A pesar de lo que se dice, los sindicatos y sus líderes están mucho más seguros hoy que en el pasado. Sin embargo, aunque es necesario reconocer los avances bajo el gobierno de Uribe gracias a la ayuda de los EE.UU., la muerte de un solo sindicalista en la defensa por los derechos laborales es imperdonable.

El año pasado, el asesinato de sindicalistas se redujo a 39 casos, de 275 en 1996. Además, gracias a la unidad especial contra la violencia sindical, quienes atentan contra líderes sindicales son hoy llevados a juicio.

La razón por la cual los demócratas se oponen al tratado con Colombia no tiene nada que ver con el país y todo que ver con las actuales elecciones presidenciales.

La buena noticia es que la esperanza aún no se pierde.

Al retrasar la decisión, la presidenta de la cámara Nancy Pelosi mencionó que es necesario que el Presidente Bush responda a sus demandas para renovar el Trade Adjustment Act que ofrece un seguro laboral y capacitación a quienes se ven afectados por el comercio.

Este es asunto de política interna que no está relacionado con Colombia, ni lo estará en el futuro. Pero al mencionarlo, Pelosi reveló lo que los demócratas estarían dispuestos a aceptar el TLC con Colombia si el gobierno Republicano negocia con ellos. 

Con esta aclaración, esperemos que ambas partes puedan llegar a un acuerdo. Se lo debemos a nuestro aliado,  pero también a nuestra economía.