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Ricardo Lorenzetti, President, Supreme Court of Justice, Republic of Argentina

August 26, 2010

Ricardo Lorenzetti

Presidente de la Corte Suprema de la Nación

26 de agosto, 2010

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Buenos días a todos. Quiero agradecer muy particularmente la invitación que me hizo el Council of the Americas, y en especial a Susan Segal, que es una gran amiga de la Argentina y gran promotora de iniciativas de este tipo que tanto bien nos hacen para reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestras perspectivas económicas, políticas en el mediano y largo plazo. También quiero agradecer particularmente a los organizadores locales: al señor Carlos de la Vega y a la Cámara de Comercio. Verdaderamente es un desafío siempre hablar en foros cuyo principal objeto es la actividad empresaria. Creo que es muy ambicioso que inviten a hombres de derecho y del Poder Judicial para los foros vinculados a la actividad empresaria. Eso significa que hay una preocupación por los temas institucionales. Creo y es probable que haya una desilusión si alguien espera que yo haga alguna referencia a alguno de los temas concretos que cada uno de ustedes tiene en mente. Lamentablemente no puedo hacer ninguna referencia, porque debo ser imparcial porque además la expectativa de todos los ciudadanos de esta república es que las personas que tienen responsabilidades, como es mi caso, sean responsables de sus opiniones, estén por encima de los conflictos y no en el medio de ellos pre-opinando. Esto es lo que se requiere a un juez estadista como deben ser los jueces de las cortes supremas, que son aquellos que tienen en sus manos los grandes temas de la Nación. También es probable que haya alguna desilusión si alguien espera a que me refiera a la seguridad jurídica en relación a las reglas, porque es cierto que podría hablar de los fallos de nuestra Corte Suprema en relación a la propiedad, al contrato, a la estabilidad fiscal en las inversiones mineras como se ha hecho recientemente, o bien el ajuste por inflación o los fallos sobre la renta mínima presunta. No es esto de lo que quisiera hablar, ni son estas las reflexiones que me parecen hoy más relevantes entre nosotros porque el desafío del título sobre perspectivas económicas y políticas y cuando uno habla de las perspectivas tiene en mente una mirada que trasciende la coyuntura y se enfoca en el mediano y largo plazo. Por eso mi reflexión va a ser sobre otros tipos de inseguridades, aquellas que anidan en el subsuelo, los temblores que existen en los cimientos del edificio social. Este tipo de inseguridades sistémicas, que existen en nuestras sociedades, y que en definitiva son los verdaderos condicionantes de las perspectivas del mediano plazo. Tenemos que mirar los últimos cincuenta años para ver cuáles son los desafíos que tenemos que superar para que los próximos cincuenta años sean mucho mas transitables y cuando examinamos los últimos cincuenta años del país y de gran parte de la región, vemos que existen crisis recurrentes. Y no hemos sido modestos en este aspecto; hemos empezado por las crisis del estado de derecho y las dictaduras militares y luego con el estado de derecho hemos cambiado y hemos visto políticas liberales, políticas económicas intervencionistas, cambios en el sistema tributario, cambios en el sistema laboral, cambios en el sistema jubilatorio, privatizaciones, estatizaciones, cambios permanentes de contexto. Creo que este es el tema central que hay que analizar: ¿por qué ocurre esto?, y no es una mera cuestión teórica porque esto le interesa al ciudadano común. Debemos pensar siempre en estos hombres y mujeres que a lo largo y a lo ancho del país se esfuerzan por tener una vida mejor y que muchas veces, y así ha sucedido en nuestra historia, tienen que ocuparse más del contexto que de sus propios intereses. Por eso es que aquí debemos hablar de estas crisis recurrentes. Y esto revela una falta de acuerdos básicos en la sociedad y una falta de modos razonables para resolver los conflictos. Ambos temas tienen mucho que ver con el derecho, con las instituciones…y permítanme algunas reflexiones sobre esto: la primera, es que estos acuerdos básicos, los denominamos consensos, forman parte de lo que se suele decir es el “contrato social”, las razones por las cuales los argentinos, y todos los que integran sociedades humanas, deseamos vivir en común y lo preferimos antes que vivir aislados. ¿Cuáles son esas razones? Y allí vamos a encontrar una larga lista de consensos básicos, pero entre nosotros ha sido difícil en los últimos cincuenta años encontrar estos consensos básicos y esta es la gran tarea. Pensemos en algunos temas en especial: si nosotros hablamos de lo que es la igualdad, la exclusión social, la inseguridad, todo esto está muy relacionado, podríamos decir que en los últimos cincuenta años este ha sido siempre un problema. Y es un problema porque la paz siempre va a ser inestable. Cuando existe una madre que no pueda prometerle siquiera un futuro a su hijo o cuando no haya dignidad en cualquiera de los ciudadanos porque no tienen acceso a los bienes primarios fundamentales: la vivienda, la salud…La exclusión social trae inestabilidad, la inestabilidad trae inseguridad. Sobre este punto creo que hay bastantes coincidencias y si nosotros leemos los discursos públicos de los últimos cincuenta años acerca de la pobreza, la inseguridad, la redistribución del ingreso, vamos a ver que podremos ser razonablemente optimistas, pero si vemos los resultados de los últimos cincuenta años en este campo podemos ser razonablemente pesimistas. Hay una extraordinaria distancia entre lo declarado y lo efectivamente logrado en estos años, en este tema, como en todos los otros. Entonces la reflexión que tenemos que hacer es por qué sucede esto, por qué los temas que hacen al funcionamiento básico de la sociedad permanecen, no se resuelven, se trasladan de una generación en otra, de una década en otra. Nosotros tenemos que aprender a sacar estos temas básicos de la disputa cotidiana, sacar los temas de consenso básico de la sociedad fuera de la agenda cotidiana, plantearlos en la perspectiva de mediano y largo plazo y al fin establecer un sistema de gestión que permita lograr resultados. Los resultados efectivos son importantes por dos razones: la primera, es que si la gestión no resulta, por algún lado explota el problema y hoy tenemos en nuestro Poder Judicial una extraordinaria litigiosidad que revela este problema en materia jubilatoria, en materia de derechos sociales…Por eso lo planteamos. Pero además está en juego la credibilidad de las instituciones. Porque ningún ciudadano cree realmente en las instituciones si ellas no les resuelven los problemas concretos; es decir, hay que mudar la mirada, de mirarnos entre nosotros a mirar a los ciudadanos y cuáles son sus requerimientos concretos. Un Estado más eficiente y más eficaz en el logro de resultados, es algo que necesitamos imprescindiblemente en la agenda del consenso.

El segundo tema que me parece interesante cuando uno mira estos aspectos básicos es por qué nos cuesta tanto dialogar sobre consensos y llegar a acuerdos. Creo que aquí es interesante observar dos modelos y reflexionar brevemente sobre ellos. Hay un modelo descendente que tiene una larga historia en la humanidad y que parte de la base de que hay una concepción de alguien que la ha pensado y desciende hacia los ciudadanos transformándose en decisiones de autoridad. Pensemos en la época de las sociedades teocráticas que pensaban que esto descendía de Dios, luego de los reyes, de los virreyes y de los sistemas presidencialistas fuertes. Hay una base aquí que piensa de esta manera y descienden concepciones y proyectos muy concretos sobre el resto de los ciudadanos. En este modelo las decisiones son concentradas, los proyectos son de un sector y entonces se generan tensiones en la sociedad y lo que sucede es que las políticas de estado son las políticas de un sector. Cambia el sector y cambian las políticas de estado. Por eso tenemos estas crisis recurrentes y cíclicas que hemos tenido en los últimos cincuenta años en nuestro país y en gran parte de latinoamerica porque se asimilan las políticas de estado a la concepción particular de un sector del cual descienden las decisiones. Y el acuerdo pareciera una traición a las banderas, uno lo ve como algo negativo. En esta concepción el diálogo no sólo es difícil, sino también casi innecesario. Se lo ve como algo de lo cual se puede prescindir. En el mundo de hoy este modelo es difícil de implementar y tiene muchas dificultades, en primer lugar porque nuestras sociedades son multiculturales y no es fácil aplicar un modelo único a sociedades con miles de proyectos que son multiculturales y complejas. La gestión ha cambiado, ya nadie habla de una gestión centralizada, hablamos de una gestión descentralizada y esto es incompatible con los modelos concentrados. Las sociedades se han globalizado, necesitamos interactuar con el mundo y participar de muchas culturas y muchos centros de decisión, multiculturalismo y multilateralismo. Esto pone en crisis los modelos concentrados. Por eso es que debemos pensar si no es mejor un modelo ascendente en el cual las decisiones se discuten en la base social y van ascendiendo hacia las esferas más altas de la decisión centralizada. En el modelo inverso, es un modelo consensual que se lo suele llamar democracia deliberativa, pero que en la Argentina es particularmente útil si tomamos en cuenta el enorme potencial que existe en la sociedad civil. A mí me asombra, y ya no, pero uno escucha siempre datos acerca de la gran iniciativa que hay en nuestros jóvenes, en nuestro interior, nuestro capital humano. Sin embargo esto no resulta en grandes éxitos colectivos. Muchos éxitos individuales y fracasos colectivos muestran una falencia institucional sobre la cual debemos reflexionar si no es necesario ya hacer un cambio de un modelo descendiente a uno ascendente, en el cual los principios básicos del funcionamiento social, aquello que hace al consenso por el cual una sociedad está bien asentada y perdura en el mediano y largo plazo, no debe ser también aquí un cambio de modelo. El último tema que me parece aquí interesante para una reflexión, es que estos dos aspectos que hemos mencionado tienen mucho que ver con las instituciones y con el Poder Judicial. Nosotros lo vivimos aquí directamente desde el Poder Judicial y por eso lo decimos. Pero toda sociedad además de consensos tiene conflictos. Una vez definidos los acuerdos básicos siempre hay conflictos. Esto no debe extrañar, el problema es cómo se administran los conflictos. Si nosotros observamos algo que nos apasiona a los argentinos ,como es el fútbol, vemos que allí hay pasiones intensas, intereses poderosos, intereses débiles, toda clase de intereses que se cruzan, y dos equipos trabajando cada uno preparándose para ganarle al otro. Y sin embargo, a pesar de la extraordinaria olla a presión que se genera en la cancha de fútbol, nadie viola el reglamento. En los demás conflictos sociales, económicos que vemos en muchas de nuestras sociedades y en nuestra historia, nosotros hemos observado con demasiada frecuencia que perseguimos el resultado sin importarnos demasiado los procedimientos y los costos para lograrlos. Entonces una vez que ganamos, legitimamos todo lo demás sólo por el resultado. A esto se lo suele llamar atajos institucionales, atajos en las negociaciones porque esto es algo difundido en todas las sociedades, es una práctica social. Y esto genera una gran incoherencia en el funcionamiento y administración de conflictos. Porque cada vez que hay un conflicto, o cambiamos las reglas o generamos costos que son excesivos. Y esto hace que nos resulte muy difícil administrar los conflictos. Nosotros debemos pensar si es posible encontrar algunos principios para administrar conflictos que podamos defender cuando ganamos y también cuando perdemos. Cuando estamos en situación de poderío pero también cuando estamos en situación de debilidad. Debemos pensar que nos traicionamos a nosotros mismos cuando sacrificamos estos principios y los dejamos en el camino. Esto es una autocontradicción muy frecuente, en los conflictos que se viven en la sociedad. Es un tema central para que nosotros podamos tener una verdadera sociedad que pueda tener cimientos sólidos y conflictos bien administrados. Reglas de administración de los conflictos que todos respetemos. Por eso es que, para redondear estas reflexiones, me parece que en los próximos cincuenta años, nosotros tenemos que pensar si podemos cambiar lo que hicimos en los últimos cincuenta años, y esto requiere algunos consensos básicos en la sociedad, definidos entre todos de modo plural, de un modo ascendente, que permita aprovechar el enorme potencial que existe entre todos nosotros, con modelos de gestión actualizados para que el estado y todo el sector de la sociedad civil pueda brindar soluciones concretas al ciudadano y finalmente con una agenda de reglas que permitan administrar los conflictos, que siempre existirán, de un modo razonable y no con el costo excesivo que muchas veces pagamos. Esto a muchos les puede parecer algo abstracto, creo, sin embargo, que es lo más concreto y práctico de lo cual podemos hablar los argentinos, porque esto lo vivimos diariamente. Creo que es hora que nos hagamos las preguntas importantes cuando reflexionamos en foros de relevancia como éste. Creo que hay una pregunta importante, no es la que nos hemos hecho con demasiada frecuencia; tal vez debemos reflexionar en quién gana la próxima batalla, sino quién es capaz de administrar el conjunto de la sociedad. Si nosotros podemos plantearnos un modelo que permita que la sociedad sea administrada de modo más inclusivo, de modo más democrático y ascendente, de modo más estable y con perspectivas de mediano plazo, habremos hecho algo muy importante. Estoy convencido de esto: que la gran responsabilidad de nuestra generación no es dejarles a nuestros hijos y nietos nuestras propias divisiones y nuestros prejuicios sino algo mucho mejor que es un estado de derecho funcionando de modo razonable. Nada utópico, creo que es algo que podemos hacer los argentinos. Trato este tema porque tiene que ver con el Poder Judicial pero también tiene que ver con toda la sociedad y espero que ustedes así también lo entiendan. Nada más, muchas gracias.