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Remarks: Gold Insigne Award Dinner - Alan García, President of Peru

September 22, 2010

AMERICAS SOCIETY/COUNCIL OF THE AMERICAS

GOLD INSIGNE AWARD DINNER

MODERATOR:
SUSAN SEGAL,
PRESIDENT AND CEO
AMERICAS SOCIETY/COUNCIL OF THE AMERICAS

REMARKS BY
ALAN GARCÍA,
PRESIDENT,
THE REPUBLIC OF PERU

***AS DELIVERED***

September 22, 2010


  • Read a summary of President García's remarks.
  • Watch a video of his presentation (en español).

PRESENTADOR: Gracias, Susan.  Esta noche estamos muy honrados en poder presentar al presidente de la República de Perú, Alan García, con el American Society Gold Insigne, Insigne de Oro.  El Gold Insigne que se presenta  esta noche es la condecoración más prestigiosa de las Americas Society.  Sola, sola la reciben jefes de estado que son elegidos, elegidos democráticamente en el hemisferio occidental, y que han realizado contribuciones sobresalientes a su país, a la región y a la sociedad en general. 

Presidente García, desde que usted inició como presidente en el año 2006, Perú se ha vuelto en un ejemplo a seguir dentro de la región.  Usted ha mostrado que se puede tener crecimiento económico, prosperidad y una conciencia social, un mensaje sumamente importante hoy en día. 

Durante la crisis económica mundial, el gobierno del Presidente García logró proteger al Perú, y gracias a sus políticas fiscales no solamente sobrevivió la crisis sino creció, y la tasa de empleo aumentó.  Sr. Presidente, lo que ha logrado Perú económicamente y socialmente en estos últimos años es en gran parte a su trabajo y su visión del futuro para el bienestar de su país. 

El crecimiento en el país ha reducido el desempleo, ha traído grandes oportunidades para el desarrollo dentro del país y ha permitido mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.  Como sabemos, la inversión extranjera directa y la economía peruana ha expandido bastante bien en los últimos años. 

Las exportaciones en Perú aumentarán, gracias a la expansión de comercio y el Tratado de Libre Comercio con mi país, que logro el presidente García el año 2007.  Perú es un ejemplo para la región y el mundo, que el proteccionismo no funciona y el libre comercio es esencial para la competitividad y la integración de nuestro hemisferio. 

En el lado de desarrollo social, el presidente también ha traído oportunidades para mejorar la calidad de vida de mil millones de peruanos.  La tasa de pobreza bajará cuatro por ciento el próximo año, y gracias a los programas sociales del gobierno en los últimos cuatro años más de un millón de peruanos salieron del analfabetismo. 

El enfoque del presidente hacia la educación ha resultado en logros que ha impactado en millones de estudiantes en Perú.  El gasto público en la educación ha aumentado con el enfoque de modernizar el sistema educativo que incluye más responsabilidad e evaluaciones de los profesores e inversión en infraestructura. 

El legado del presidente García será de estabilidad económica, desarrollo social y liderazgo político durante una época de crisis mundial.  Su legado también será de paz.  El presidente ha demostrado su liderazgo en apoyar la paz, no solamente con sus vecinos sino por toda la región.  Ha sido un verdadero diplomático en la región, promoviendo relaciones e integración dentro la región.  Bajo su liderazgo todos los peruanos pueden esperar un mejor futuro. 

Señor Presidente, es un gran honor condecorarlo con el American Society Gold Insigne esta noche.  De nuevo, muchas gracias y lo invito señor presidente.  (Aplausos de la audiencia). 

PRESIDENTE ALAN GARCÍA:  Dear Susan – queridos amigos de la Sociedad de Américas, estimados empresarios y viejos amigos ya de estas reuniones, Arturo y cuantos nos acompañan esta noche quisiera agradecer profundamente emocionado esta hermosa distinción. 

Quiero que sepan una cosa, sólo una:  Cuando llegué a la presidencia de la república, como he visto a tantos presidentes recibir tantas condecoraciones, de tantos países, y de tantas instituciones de su propio país, dicté un decreto supremo por el cual el Presidente Alan García, no recibiría ninguna condecoración en los cinco años de su gobierno. 

Esta es la primera y última condecoración que yo recibo en mis cinco años de gobierno.  (Aplausos.)  Y la recibo porque tiene una enorme significación.  Tenemos un grado de identidad muy grande con los objetivos de este Consejo de las Américas.  La defensa de la democracia y las libertades en nuestro hemisferio, la defensa de la libertad económica, y, naturalmente, la afirmación del desarrollo social en favor de los más humildes, para liberarlos del miedo a la miseria, como el gran y el extraordinario Franklin Delano Roosevelt  nos había enseñado. 

Y esta noche siento que el tiempo que invertimos, años, y en muchas ocasiones conversando en esta casa, conversando en Lima en las reuniones que Susan permanentemente organizó, con gran constancia y fe, han dado como resultado que estemos juntos y que coincidamos en estos temas y que podamos decir algo que para mí es fundamental:  El Perú es una prueba del éxito de los valores que la Sociedad de las Américas defiende y enarbola como bandera. 

No lo diría si en estos cuatro años y medio hubiéramos tenido un fracaso económico o social.  Por el contrario vengo a traerles el Perú como la mejor prueba de que los valores que ustedes defienden y estudian son los valores de la historia, los valores acertados, de la verdad, por la cual los pueblos pueden abrirse paso a la prosperidad, a la justicia y a la igualdad.  Somos pues, esa prueba. 

Y la traigo humildemente porque aquí en esta casa hemos aprendido también muchas cosas.  Siempre me he preguntado respecto a las oportunidades perdidas de relación entre los Estados Unidos de América, el gran hermano, y los países de Sudamérica y Latinoamérica. 

Siempre me he preguntado por qué se desaprovecharon, se perdieron tantas ocasiones, cuando Franklin Delano Roosevelt, el más grande estadista del siglo veinte en el planeta, propuso la política del buen vecino, y no fue escuchado por las dictaduras existentes en América Latina, cuando John Kennedy enarboló una bandera juvenil de esperanza con su Alianza para el Progreso y fue detenido por la demagogia y el temor a la demagogia de muchos gobernantes latinoamericanos. 

Y cuando desde el viejo Bush, el Presidente Clinton y el joven Bush, propusieron la Alianza con las Américas, el ALCA, que después comenzó a construirse a partir de los tratados de libre comercio con cada uno de los países.  Pero siempre me pregunté, ¿por qué hemos perdido tantas oportunidades pudiendo habernos beneficiado no sólo del crecimiento económico extraordinario de esta gran sociedad, sino de la fecundidad de su cultura? 

Porque si hay que reconocer algo, es que después de la vieja Europa en el siglo diecinueve, el siglo veinte ha sido un experimento, un laboratorio de temas sociales nuevos, aquí en los Estados Unidos.  La lucha por la independencia y la igualdad de las razas, la lucha contracultural del movimiento hippie, cuyos resultados todavía no podemos analizar.  Y todo aquello con lo cual Estados Unidos ha contribuido a la cultura humana, merecían algo más que un grito, una respuesta como los que se escuchan en este momento allá. 

Merecían una reflexión que es algo que quienes gritan no pueden hacer.  Y comenzamos a hacer esa reflexión y, años después, y casi cinco años después del gobierno, yo les puedo decir que por la coincidencia de nuestros principios, adoptamos la democracia frente al estatismo, adoptamos la inversión como camino de desarrollo frente a la gestión estatal de la economía, especialmente en los países que por tener riquezas naturales creen que las riquezas naturales son todo y se olvidan que la inteligencia es el elemento fundamental, sin el cual las riquezas naturales sólo conducen los países al desorden. 

Adoptamos el aprovechar el impulso extraordinario del crecimiento mundial en vez de hablar de una administración estatal del comercio mundial, en un intento absurdo, casi de Ícaro, de querer alcanzar, a dominar desde pequeños países lo que es un proceso mundial que ni los grandes países pueden dominar. 

Y dijimos, sobre todo, que un país en desarrollo necesita infraestructura, no necesita limosnas ni subsidios.  Necesita infraestructura y creación de empleo.  Adoptamos ese camino y hoy día podemos traer sobre una fuente a la Sociedad de las Américas los resultados del Perú, y sobre otra fuente, como en la vieja historia de San Juan Bautista y Salomé, la cabeza de quienes escogieron el otro camino. 

A pesar de sus inmensas riquezas no han podido mejorar sus condiciones de lucha contra la pobreza, han retrocedido en la infraestructura.  E inclusive países riquísimos tienen en este momento problemas de falta de tecnología, de competitividad y deben reunir al escalón en el cual estaban  junto a la China y la India. 

Nosotros creemos en algo fundamental – creemos en la educación, creemos en el esfuerzo, creemos en el sacrificio.  No creemos en el grito ni en discurso del líder, porque una sociedad que se abandona al discurso del líder termina siempre buscando culpables en todas partes, dentro  o fuera, y termina siempre negando la libertad de expresión y de opinión a los demás, que resultan siendo los culpables.  Cuando no, termina armándose y haciendo gastos gigantescos en cuestiones militares, y negando a sus pueblos el desarrollo. 

Por todas estas razones y por todas estas coincidencias para mí era obligado estar con ustedes esta noche y de verdad enorgullecedor de poder recibir esta Golden Insignia, que me parece un alto honor que yo no podía rechazar, mucho menos viniendo de manos tan amigas como las que me la han entregado. 

Estos han sido años de hermoso aprendizaje, de aprendizaje de la relación con los Estados Unidos de América.  Cuando llegamos al gobierno nos dijeron que el tratado de libre comercio ya estaba totalmente concluido.  Y una súbita victoria demócrata demostró que había que comenzar desde cero el tratado de libre comercio. 

Y fue para mejor, y fue para bien.  Entonces, allí conocí a Gregory Micks – mi hermano.  Allí conocí a Sandy Levin.  Allí conocí a Charlie Rangel, y tantos otros demócratas y republicanos, muchos de los cuales tenían un verdadero compromiso con el medio ambiente, con los derechos laborales.  Y así fuimos haciendo esta amistad, esta Americas Society entre los Estados Unidos y el Perú, que hoy día nos llena de orgullo. 

Creo que en el curso del día, algunos que han estado en ocasiones anteriores, ya les he contado eso de que el Perú ha venido creciendo a tasas muy altas, y en los últimos cinco años acercándose al siete por ciento del promedio anual de crecimiento.  No está mal, no somos China, somos un mediano o pequeño país. 

Hemos podido duplicar nuestras exportaciones, hemos triplicado nuestras reservas.  Importamos muchísimo más que antes, y sin embargo crecen las divisas del país, porque hay inversión.  Y hay inversión porque hay responsabilidad, porque no creemos en la ley del más fuerte, ni en la ley de la conveniencia inmediata, sino en el respeto a las reglas de juego y a las seguridades que todo inversionista debe tener, más allá de los discursos. 

Y cuando me preguntan, ¿usted que ha sido? – yo digo, sigo siendo el mejor orador de América Latina, y yo digo – y me preguntan, ¿por qué ha sacrificado usted su oratoria a las reglas de la economía mundial?  Yo digo, porque al contrario, las reglas mundiales de la economía mundial pueden hacer crecer un país cuatro por ciento, por inercia, pero si usted le pone el discurso, el verbo y la poesía, que sólo un conductor puede poner, el país pasa a crecer siete y ocho por ciento. 

Cuando se unen los dos factores, que son la materia y el espíritu.  Cuando se une aquello de que, “No sólo de pan vive el hombre” sino de palabra, entonces se alcanzan velocidades que los que viven sólo de pan nunca han alcanzado ni podrán alcanzar.  Y por más petróleo que usted tenga, siempre estará atrás.  Atrás de los que podemos pensar en el buen sentido de la historia. 

Por eso yo digo que hablar bien, hacer la súbita poesía, que eleva a las personas y las deja soñando, no tiene por qué enfrentarse con la realidad.  Es mucho más inteligente, productivo, creativo, hacer poesía con la realidad que hacer poesía contra la realidad.  Y durante un siglo se ha creído que las palabras tienen que ser contra la realidad. 

Yo he rechazado eso y lo que vengo demostrando es que un discurso que convenza, un discurso con resultados, unido a la expansión fortísima de nuestro mundo con los nuevos medios de comunicación, de información, de creación de mercados, de productividad, de medio de pagos que existen a través del dinero electrónico, uniendo los dos factores podemos hacer algo en el mundo.  No estoy dándole una receta a los Estados Unidos, por cierto. 

Estoy seguro que los Estados Unidos con su inmenso poder sabrán tomar un camino del cual se beneficiará también el país, el Perú, habida cuenta que tenemos un tratado de libre comercio.  Con ellos hemos crecido, pero lo más importante es que tenemos el récord mundial de reducción de la pobreza, esa sí no me la ganan, y por eso sí me llevo esta medalla. 

El récord mundial de disminución de la pobreza significa que hemos pasado de 48 por ciento de pobres en el Perú a 34.  Y el próximo año que me vaya será 30.  Y el año 2021 que todavía estaré mirando la política, será 10 por ciento.  Y entonces el Perú podrá haber superado uno de los grandes problemas, sin necesidad de confrontaciones, sin necesidad de buscar culpables al otro lado del mar y del mundo.  Esto es lo que nosotros tenemos que plantearnos. 

Yo sé que el tiempo pasa, que el tiempo abrevia, que la comida se enfría, que hay que volver a la realidad, pero quiero decirles a todos ustedes amigos míos que ésta no va a ser una oportunidad perdida.  Si la pierden otros, el Perú no la pierde.  Y vamos a seguir creciendo con más velocidad.  Y vamos a seguir arrinconando la miseria y la pobreza, que son nuestros verdaderos enemigos. 

Esto es aquello de lo que nos pusimos de acuerdo en una ocasión en esta casa y es lo que traigo como prueba de que estábamos los dos remando en el sentido de la historia y en el buen camino.  Muchas gracias por esta distinción.  (Aplausos.)

PRESENTADOR:  Vamos a dar un brindis, ¿no?  Por favor.

PRES. GARCÍA:  Thank you very much.  No pueden prender la cocina de nuevo para calentar los platos.  (Risotadas.)

PRESENTADOR:  Señor Presidente, yo no vine en representación de la -- en representación de la cocina sino para ofrecerle un brindis, ¿no?  A usted, al éxito de… de usted y su gobierno, y a las relaciones entre nuestros dos países, los Estados Unidos y Perú.  ¡Salud!

PRES. GARCÍA:  ¡Salud!  ¡Salud, Susan!  Thank you very much to you, ¡ah!  ¡Salud, salud!  Entonces, ¿continúo?  (Risotadas, aplausos.)

(END)