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Entrevista: El Dr. Julio Frenk sobre la pandemia del coronavirus en una época de populismo 

Dr. Julio Frenk

Dr. Julio Frenk con médicos del University of Miami Health System.

March 20, 2020

En un momento en que gran parte del mundo está entrando en cuarentena y, muchos de nosotros estamos practicando el distanciamiento social, Carin Zissis de AS/COA Online conversó con el Doctor Julio Frenk, ex Ministro de Salud de México. El Dr. Frenk también fue decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard, y director ejecutivo del departamento de Políticas Públicas Basadas en Evidencia de la Organización Mundial de la Salud. Él ahora es el presidente de la Universidad de Miami. 

Desde el SARS a la gripe H1N1, él ha estado en roles tomadores de decisiones en la salud pública para un número de pandemias. Él discutió sobre cómo los países pueden responder de la mejor manera a la actual pandemia del coronavirus, cómo se pueden preparar para futuras epidemias y por qué la actual ola de populismo alrededor del mundo amenaza nuestra habilidad de combatir desafíos globales de salud. 



Carin Zissis: El primer caso de coronavirus confirmado en América Latina fue el 26 de febrero. Desde el 5 de marzo, hubo casos en seis países. En solo unos días, casi todos los países de la región tenían casos confirmados. Y estamos viendo lugares como El Salvador, Colombia y Perú que están cerrando fronteras y escuelas, restringiendo reuniones grandes. De hecho, una podría decir que estamos viendo algunos países latinoamericanos moverse más rápido que lo ha hecho los Estados Unidos. Usted, como ex ministro de salud, qué opina de los pasos que se han seguido. ¿Cómo evalúa estas medidas?

Julio Frenk: Bueno, déjeme decir un par de cosas sobre la naturaleza de la pandemia misma. 

Primero que todo, por definición, cada vez que hay un nuevo patógeno (como lo es el coronavirus, dado que es nuevo la principal característica del evento es la incertidumbre. No sabemos exactamente cómo van a progresar las cosas. Pero hay mucho que podemos aprender de brotes y pandemias anteriores. Algunos de ellos han sido brotes de coronavirus, que son similares al que está circulando ahora. Pero no sabemos exactamente cómo este va a progresar porque es nuevo. Y eso significa que necesitamos pecar en ser prudentes. Sí, otros coronavirus han sido estacionales, pero no podemos simplemente asumir que éste va a desaparecer del hemisferio norte una vez que lleguemos a la primavera y al verano. Esperemos que eso es lo que va a ocurrir, pero asumir que eso es lo que va a pasar porque otros virus se han comportado así sería un error. La incertidumbre significa que tenemos que ser especialmente cuidadosos, incluso al hacer todos los esfuerzos por entender las características del coronavirus con el que estamos lidiando en esta pandemia. 

Ahora hemos aprendido algunas cosas sobre este virus. Una, es que es altamente contagioso. Número dos, incluso las personas que son a sintomáticas que tienen síntomas leves pueden transmitir la enfermedad. Y, eso significa es que junto con las medidas de salud pública más tradicionales, donde identificas casos, los testeas, y aquellos que dan positivo, vas y aíslas a sus contactos– necesitamos continuar haciendo más que eso. Pero para la mayoría del mundo, también tenemos que transitar hacia medidas de lo que es llamado el “distanciamiento social” que se aplica a todos. No importa si has sido testeado o no, o si te sientes saludable o no, todos tienen que hacer eso dada las características de este virus: su alto nivel de transmisión y dado que puede ser transmitido por personas aparentemente sanas. 

Si combinas todo esto, lo que yo diría es que mientras antes comiences a actuar, mejor. Entiendo que algunas medidas de distanciamiento social tienen costos económicos y –son disruptivas, pero son un sacrificio de corto plazo que van a traer enormes beneficios más adelante. 

Creo que las medidas que se están tomando por los países que mencionas son las correctas. Hay alguna duda sobre la efectividad de las prohibiciones generales para viajar porque ya tienes una comunidad que está transmitiendo el virus dentro de tu propio país, puedes reducir algo de eso, pero es dudoso. Deberían definitivamente tomar medidas de control cuando entran personas provenientes de los países con altas cifras de casos confirmados. Ya sabemos cuáles son esos países: China, Corea del Sur, Irán, y ahora los países de Europa Occidental–Italia, Francia, España, Alemania. Personas de esos países, si fueran a viajar, tienes que tener medidas para ponerlos en cuarentena o aislarlos. Las prohibiciones para viajar son dudosamente efectivas, pero lo que no está en duda son las medidas de distanciamiento social. Éstas sí funcionan y mientras antes las adoptemos –incluso entendiendo que acarrean un costo social y económico importante– mejor vamos a estar. 

Esta es la ventana en la que todavía no entramos en una epidemia abrumadora y si ves lo que ha pasado, especialmente en Italia, vas a ver que hubo unas semanas valiosas al principio que fueron desperdiciadas porque las personas pensaron que esto se iba a resolver por sí solo. Creo que los países latinoamericanos que se están dirigiendo en esa dirección están haciendo lo correcto. 

Zissis: América Latina fue el epicentro de una epidemia tan solo hace una década cuando apareció la gripe H1N1 el 2009. ¿Cuáles son las lecciones que aprendimos, particularmente en México, pero también como región y en general, qué podemos aplicar de esa experiencia en lo que estamos viviendo ahora?

Frenk: Varias lecciones. En 2009, acababa de obtener mi cargo –literalmente en enero del 2009– como decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard y el brote fue declarado emergencia nacional en México el 23 de abril del 2009. Lo recuerdo perfectamente. La primera lección es que necesitamos invertir en buenos sistemas de vigilancia epidemiológica. México había invertido desde el inicio de los años 80 y puedo decírtelo porque yo estaba ahí, fui parte de eso. Hubo una larga lista de ministros de salud que eran técnicamente muy capaces, comenzando desde los inicios de los 80. Aunque no era parte de ningún partido político, fui nombrado porque, en algún momento, de nuevo en 1982, cuando el Presidente Miguel de la Madrid decidió nombrar al doctor Guillermo Soberón, quien había sido presidente de la Universidad Nacional, un verdadero experto como ministro de salud, y eso creó una secuencia de personas en el cargo que eran técnicamente competentes, pero administrativamente también. 

Esa clase de inversión en esas partes del gobierno, donde necesitas competencia técnica, es fundamental. Parte de esa inversión ocurrió en los departamentos que eran los menos glamorosos de los sistemas de salud. Es genial tener grandes hospitales y realizar cirugías heroicas para salvar una vida, pero el verdadero núcleo del sistema de salud es el componente de salud pública y particularmente de tener buenos sistemas de vigilancia epidemiológica. México tuvo eso el 2009 y el mundo fue muy afortunado de que los primeros casos fueron reportados en México, porque aunque fue durante la gripe estacional, el sistema de vigilancia epidemiológica fue capaz de notar que algunos casos fueron atípicos, y estaban sucediendo en personas mucho más jóvenes. Ellos se estaban muriendo, lo que no es común en la gripe estacional. Y rápidamente, porque teníamos un sistema bueno, eficaz y transparente, México hizo sonar la alarma para el resto del mundo tempranamente, y evitó una situación mucho más grave. 

La importancia de tener gente experta es un mensaje muy importante al igual que la necesidad de invertir, no una vez que tengas la pandemia, sino que antes. Particularmente en vigilancia, es algo que los políticos tienden a no valorar. Es un elemento de seguridad nacional. Puedo decirte que cuando ocurrió el brote en México el 2009, teníamos, literalmente, un ejército de epidemiólogos trabajando todo el día, cada día del año en lo que es realmente una función de seguridad nacional. Están lidiando con una posible invasión, no de otros humanos, sino que de microorganismos. Ellos fueron capaces de detectarlo y por lo tanto la respuesta fue rápida. 

La otra lección es que México se comportó de una manera muy responsable y, sabiendo que habría serias consecuencias económicas. Inmediatamente reportaron el brote con la Organización Mundial de la Salud y eso les dio tiempo a otros países. 

Entonces, la segunda lección es que tenemos que crear incentivos para que los países reporten rápidamente. La tentación que pueden tener los gobiernos de esconder información es muy grande y siempre es un fracaso al igual que contraproducente. Eso no es lo que ocurrió con el SARS. El último brote de coronavirus fue el SARS. El gobierno chino retrasó muchísimo el reporte y eso terminó siendo una decisión extremadamente costosa. Creo que aprendieron de eso, y aunque no fue perfecto, actuaron mucho mejor esta vez que con el SARS. 

Por último, diría que otra gran lección es que no puedes lidiar con estas emergencias hasta que te relaciones internacionalmente.  México, debido a NAFTA, fue capaz de rápidamente colaborar con Canadá y los Estados Unidos. Ellos fueron capaces de inmediatamente secuenciar el virus, el H1N1, y se tomaron medidas muy rápido. Entonces, la otra lección es que esta idea de que los países pueden replegarse y aislarse no es solamente imposible, sino que altamente peligrosa. 

Zissis: Mucho ha cambiado desde el 2009, y una cosa es que ha habido un aumento en el populismo. Estamos viendo esto en las Américas, obviamente, y usted ha hablado de esto–de que ese populismo global es un riesgo para las estrategias de salud globales. ¿Nos puede decir por qué? 

Frenk: Porque el populismo, y—yo creo que es totalmente secundario si es de izquierda o de derecha,—su característica definitiva es la naturaleza populista de esos regímenes, y como en tantas cosas, los extremos se tocan. No estoy diciendo que son exactamente idénticos, pero en su aspecto nuclear casi lo son. 

¿Qué caracteriza el discurso populista? 

Primero que todo, poniendo en duda a los expertos. La idea de que los expertos, la experiencia técnica es devaluada porque hay un líder populista que está en contacto con la gente, las buenas personas, y ese líder populista sabe mejor que nadie. Y vemos eso ocurrir una y otra vez, y ya ha pasado con este coronavirus: presidentes presumiendo que saben más que sus expertos. Ese es el primer peligro.  Esta idea de que los expertos técnicos son de alguna forma parte de la elite, por lo tanto, menoscabando la autoridad que viene de dedicar una vida a estudiar un tema. El discurso populista también es inherentemente anti-científico. Nuevamente, es parte del mismo síndrome. Esa es la primera amenaza.

Lo segundo es que el discurso populista está típicamente acompañado por esta idea de replegarse del resto del mundo: la mentalidad nacionalista, la cual para la salud mundial es muy peligrosa. Una de las cosas que ocurrieron el 2009, es que el sistema multilateral estaba en una mejor situación que hoy. Diez años después, una constante erosión de organizaciones multilaterales y de la idea de multilateralismo e interdependencia, está pasando la cuenta. Tenemos menos capacidad de enfrentar crisis globales en conjunto porque cada país está pensando “Make –ingrese el país que quiera– great again”, ese es un pensamiento de un mundo de suma cero donde para que mi país progrese, alguien más tiene que perder. Y eso es exactamente el pensamiento equivocado para enfrentar crisis globales.  Así que, sí creo que el auge del populismo es una enorme amenaza para la salud global. 

Zissis: Hemos visto algunos ejemplos de exactamente lo mismo que usted está mencionando aquí en América Latina. Solo aquí en México el fin de semana, vimos al presidente circulando en aglomeraciones de gente, saludando con la mano. Vimos algo similar ocurriendo en Brasil. 

Aquí en México, usted implementó un programa de salud pública llamado Seguro Popular que está en proceso de ser cambiado. ¿Qué significa esto? La pandemia está golpeando un país que está pasando por un cambio fundamental de su sistema de salud, supongo que podría compararlo con los cambios que se han hecho a Obamacare en la actual administración en los Estados Unidos. ¿Qué significa en términos de la preparación para una pandemia el hecho de que algunos sistemas de salud estén cambiando? 

Frenk: El cambio, per se, no es malo. Pero la otra razón por la que el populismo es peligroso para la salud es que muchas de las políticas son dictadas por un juicio ideológico. Es de nuevo esta idea de dudar la autoridad de los expertos, entonces el líder populista cree que él—típicamente es un él—sabe más y que no necesita someter sus políticas a la prueba de la evidencia. 

Eso es exactamente lo que pasó con las medidas en México. El momento no pudo haber sido peor.  El nuevo gobierno, el cual es un gobierno populista, desmanteló una política que había estado instalada por 16 años. No era perfecta, era seguramente perfectible, pero ya sabes, fue totalmente desmantelada y en su lugar el nuevo gobierno y el Congreso aprobaron un nuevo esquema basado en cero evidencias sobre lo que funciona y lo que no. Y eso fue acompañado por recortes al presupuesto porque otro atributo del populismo es reemplazar a las personas competentes con personas que son leales con el líder carismático. Y típicamente, eso significa que pierdes a muchos de los expertos. Esto se acompaña de recortes en el presupuesto porque se otorgan fondos a programas populistas, que es lo que está ocurriendo en México, y ahora estás enfrentando una emergencia global con un sistema debilitado. 

El momento no pudo haber sido peor, desplegaron un nuevo instituto en México el cual reemplazó el esquema de seguros anterior, el cual cubría a 53 millones de personas. Esos 53 millones de personas sin esa cobertura, desplegaron algo sin ni siquiera un periodo de transición el primero de enero. Fue un desastre. Los índices de aprobación del gobierno bajaron muchísimo por la manera en que lanzaron este nuevo esquema, pero todo eso es consecuencia de despreciar la experiencia técnica y profesional, de despreciar la evidencia como guía de las políticas, premiando la lealtad sobre la capacidad, usando –en el caso de México– la excusa de combatir la corrupción para recortar presupuestos. Lo que el gobierno necesitaba era un poco de cirugía muy precisa, no tomar un machete y empezar a reducir presupuestos en hospitales porque habían sido corruptos. Por supuesto, todos queremos que se luche contra la corrupción de la manera más decisiva, pero no haces eso despidiendo a las personas, reduciendo el equipo médico, recortando los presupuestos de los hospitales. 

Así que, lamentablemente, esto ocurrió recién en enero de este año y justo mientras el coronavirus comenzaba a brotar en China. Espero que el gobierno trabaje rápidamente para reasignar recursos donde los recortó y devuelva las políticas basadas en evidencia al sistema de salud. Espero que esta emergencia sea una lección y quizás una oportunidad política para rectificar lo que había sido una decisión desastrosa para el sistema de salud. 

Zissis: Una cosa sobre este tema es que sabemos que esta pandemia va a tener un impacto económico en el mundo. Y estamos mirando a América Latina, donde los países tienden a invertir menos de sus presupuestos en sus sistemas de salud. Vamos a ver que cuando realmente tienes que enfocarte en fortalecer tu sistema de salud, el riesgo de un golpe económico, dañándolos. Mientras enfrentamos esta incertidumbre económica y posible recesión, ¿Qué medidas deberían priorizar los países de América Latina para hacer lo mejor que puedan para entregar seguridad en salud a sus poblaciones? 

Frenk: Esa es una gran pregunta porque esta es la quinta pandemia que he estado observando de cerca o en la que he estado en posiciones de toma de decisiones. Estoy contando al SIDA –el cual todavía es una pandemia y ha sido declarado como tal y no deberíamos olvidarlo. Pero luego estoy hablando de la gripe aviar, el SARS, la gripe H1N1 que fue declarada por primera vez en México el 2009, y ahora ésta.  Con la excepción del SIDA, con los que son más agudos donde hay una emergencia y después se pone bajo control, una y otra vez lo que he visto es mucha atención, mucha cobertura mediática. Todos están muy preocupados, se hacen asignaciones extraordinarias y luego apenas pasa la emergencia, quizás en algunos meses o un año, –pero sí va a pasar, esto también va a pasar–todo el mundo va a olvidarse de la necesidad de invertir en salud pública hasta la próxima crisis. 

Esta crisis está teniendo un impacto económico mucho más grande que el de las otras. Aunque las otras también tuvieron un impacto económico gigante, ésta, porque está tan generalizada, está teniendo un impacto mayor. Espero que los países entiendan que mantener las preparaciones necesarias en sus sistemas de salud pública es una muy buena inversión, si se puede reducir, aunque sea un décimo del impacto económico de lo que estamos viendo. La bolsa de valores ha perdido trillones de dólares en el mercado de capitales. Con una fracción de eso podríamos tener sistemas de vigilancia y la preparación suficiente.  Pero nuevamente, esta es la parte invisible del sistema de salud. Es la parte que solo notamos cuando falla. Mi profesión en salud pública es difícil de vender a políticos porque la salud pública está basada en la premisa de la prevención, y la prevención, por definición, es la ausencia de un resultado. Si tú eres un político que le dice a la gente “Mira–todo lo que no ocurrió”, no fue porque tuvimos suerte, sino porque tuvimos los sistemas que previnieron lo que está pasando.  Hubiésemos cerrado los mercados húmedos en China hace muchos años, pero los políticos no lo querían hacer incluso aunque todos sabíamos cuál era el riesgo que había al tener animales vivos en un lugar tan lleno de gente. No es que no sabíamos, así es como la gripe aviar y el SARS comenzaron, pero tan pronto como esas crisis desaparecieron, la presión por tomar acción desapareció.  

Tenemos que entender que las cosas que aprendemos, necesitamos mantener esas lecciones. Han pasado 10 años desde el virus de la influenza H1N1, cuando tuvimos las lecciones. Yo te puedo mostrar cienes de artículos que dicen, “Esto es lo que aprendimos”. Pero el establecimiento político falla en actuar con ese tipo de provisión a largo plazo. Necesitamos comprender que la seguridad de salud es nacional y es seguridad global. Y exactamente cómo hacemos esas inversiones, si dedicáramos una fracción minúscula de lo que las fuerzas nucleares tienen para tener la capacidad de destrucción para usarla de manera constructiva para construir los sistemas de salud pública, tendríamos un mundo más seguro porque probablemente este sea un riesgo mucho mayor que el riesgo de una guerra nuclear. Y en todo caso, el riesgo de una guerra nuclear será totalmente por culpa de los humanos. Y, sin embargo, en una pequeña proporción, tendríamos sistemas de salud pública sólidos con la prevención necesaria. Espero que la gran lección que saquemos de esto es que necesitamos reenfocar algunas de nuestras prioridades y no que, después de la emergencia, tienes mucha atención, y luego cuando la emergencia está bajo control, dejamos de poner atención.

Hemos estado hablando de una plataforma más robusta para que acelere el desarrollo de vacunas con microorganismos que evolucionan muy rápidamente desde el virus de la influenza H1N1. No hemos hecho eso. Y ahora estamos comenzando—hay un plan, pero se va a demorar por lo menos un año y medio hasta tener una vacuna. Esas son cosas que podríamos haber hecho antes. Requieren líderes bien informados, y eso no es, desafortunadamente, lo que el populismo produce. Produce líderes narcisistas que están muy centrados en el corto plazo y que rápidamente desprecian el valor de la experiencia, que rápidamente reducen los presupuestos científicos. Régimen populista tras régimen populista, una característica común es que todos han reducido las inversiones científicas porque los populistas son anti-ciencia, anti-intelectual, etc. 

Espero que esto sea una llamada de atención para la gente porque ahora está llegando a casa. No se puede participar en este discurso anticientífico sin eventualmente pagar un precio. Y la forma que vamos a salir de esta pandemia actual es a través de la ciencia. Y la esperanza que tenemos es que si hacemos el distanciamiento social con suficiente energía, vigor, y compromiso, ganaremos el tiempo que necesitamos para desarrollar y distribuir todas las medicinas antivirales y vacunas. Entonces, espero después de una década de elegir líderes que han llevado una tras otra de las democracias establecidas en sus propias direcciones y democracias emergentes como en América Latina, nos daremos cuenta que la democracia no es el sistema perfecto, pero es el menos imperfecto sistema y que las inversiones en experiencia, en capacidad científica, en prevención, en sistemas de salud que nos permiten anticipar la próxima crisis, no solo reaccionar a ella, que todos esos esfuerzos valen la pena. 

Foto: Dipen Parekh (UHealth Chief Clinical Officer), Dr. Tanira Ferreira (UHealth Chief Medical Officer), Dr. David Lang (UHealth Emergency Department Medical Director), Vincent Torres (UHealth Emergency Manager), and Dr. Henri Ford (Dean of the Miller School of Medicine at the University of Miami).

Este artículo fue traducido por Daniela Cobos.