Installation of This Must Be the Place: Latin American Artists in New York, 1965–1975 at Americas Society. (Image: Arturo Sánchez)

Installation of This Must Be the Place: Latin American Artists in New York, 1965–1975 at Americas Society. (Image: Arturo Sánchez)

Share

Americas Society, Laura Márquez y la movida neoyorkina de los 1960 y 1970

La curadora de la nueva exhibición de Americas Society, Aimé Iglesias Lukin, habló con El Nacional.

Esta semana se abrió en Nueva York una muestra realmente importante para los estudios de arte latinoamericano, This Must be the Place: Latin American Artists in New York, 1965–1975. Curada por Aimé Iglesias Lukin, directora y curadora jefe de Americas Society, institución que la organiza, la exposición reúne más de 40 artistas y once colectivos procedentes de diversos países de América Latina establecidos en Nueva York durante ese periodo.

Con un espectro muy amplio de obras y nombres que oscilan entre la celebridad y la reserva, la exhibición resulta particularmente relevante para el Paraguay pues incluye piezas de Laura Márquez, referente indiscutido de la escena artística nacional, quien comparte sala con artistas de la talla de Marta Munujín, Liliana Porter, Hélio Oiticica, Anna Bella Geiger, Alberto Greco, Luis Camnitzer, Juan Downey, Leandro Katz, César Paternosto, Rolando Peña, Alejandro Puente y Omar Rayo, por citar solo algunos…

En una larga conversación, desde Nueva York, Aimé Iglesias Lukin enunció las premisas de la muestra, expuso su estructura y comentó sus expectativas. Podemos conocer así, de primera mano, los móviles de esta apuesta curatorial que abre nuevos horizontes a la comprensión de un momento decisivo en la modernidad latinoamericana.

— Según el statement de la exposición, los artistas de This must be the place “revelaron una escena más diversa y cosmopolita de lo que típicamente se muestra en la historiografía del arte estadounidense de posguerra”. ¿De qué manera crees que contribuyeron a formatear la modernidad neoyorkina? ¿Qué elementos los diferenciaban de los artistas americanos de aquel momento? ¿Y de qué modo esta exhibición podría replantear la historiografía del arte que se ha ocupado de ese periodo?

— Primero, hay que entender que para que Nueva York fuera el centro artístico en que se convirtió a fines de los 60 hubo una serie de procesos en Estados Unidos a partir de la posguerra. Probablemente el mayor factor que cambió la escena norteamericana –además del esfuerzo de ciertos museos, de la conformación del MoMA y de otras iniciativas internas– fue la llegada de muchos distintos inmigrantes. De hecho, el arte moderno llega a Estados Unidos mediante Marius de Zayas, mexicano, y Marcel Duchamp, dos de sus mayores impulsores, quienes –junto a Alfred Stieglitz– generan las primeras exhibiciones de arte de vanguardia. Duchamp termina estableciéndose en Nueva York después de la guerra y si bien se retira a lo que se llamó un silencio artístico, tuvo mucha presencia en la escena, siguió trabajando y ejerció gran influencia en las generaciones más jóvenes…

Lea el artículo completo.