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¿Cuál izquierda?

Poll workers in Venezuela. (AP Images)

December 11, 2008

El “gran giro” de ciclo electoral de 2005 y 2006 en América Latina hacia la izquierda fue inflado desproporcionadamente por los medios de comunicación. Ahora nos damos cuenta que los resultados no fueron sino una tendencia electoral temporal. Pragmática. Reversible.

Ya los analistas han empezado a hablar sobre un giro hacia el centro, lo que demuestra la falta de comprensión de lo que pasó hace tres años.

Incluso en países como Venezuela y Bolivia–los supuestos bastiones de la extrema izquierda en la región– las mayorías continúan apoyando los pilares del llamado neo-liberalismo. De acuerdo a un sondeo realizado por el Pew Center, el 80 por ciento de los bolivianos y el 79 por ciento de los venezolanos en el 2008 apoyan el libre comercio.

Los ciudadanos sólo estaban buscando un cambio con el pasado; las más recientes elecciones nos muestran que no estaban involucrados en un proyecto ideológico de gran escala.

Las elecciones locales venezolanas de noviembre 23 demostraron que el tan aclamado giro hacia la izquierda no era más que una ilusión. La oposición tuvo importantes victorias tanto en regiones que se consideraban chavistas, como en los barrios más pobres de Caracas.

Para los votantes venezolanos, lo más importante fueron temas básicos: empleo, oportunidades económicas, y seguridad personal. Efectivamente Venezuela sigue siendo rojo, rojito, cuando se mira estado por estado, pero los colores están bien concentrados en distritos rurales y escasamente poblados.

En este contexto, los esfuerzos de los presidentes Chávez de Venezuela y Morales de Bolivia por identificarse como almas gemelas del presidente-electo Barack Obama, se caen por su propio peso. Ellos y otros mandatarios han acogido positivamente la elección del primer presidente Afro-Americano de los Estados Unidos como una señal de rechazo a las políticas del pasado y como una afirmación de sus amplios objetivos ideológicos.

Pero mientras es cierto que Obama está comprometido con la justicia social, no es lo mismo que simpatice con el socialismo del siglo XXI. Sin el peso de la impopularidad de su predecesor, el Presidente Bush, tendrá mayor libertad para negociar e influir la opinión publica. Pero, por razones domésticas e internacionales, muchos de los elementos fundamentales de nuestra relación permanecerán firmes.

Éstos no son problemas ideológicos; son prácticos. La pregunta es cómo la región, como un conjunto de socios, puede resolverlas. Una administración Obama, tanto con su credibilidad internacional, puede trabajar en esta agenda. Pero no confundamos esto con una falsa afinidad, y menos con una que proviene de una falsa clasificación hecha en el 2005: aquella de una corriente izquierdista barriendo por el hemisferio.