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Hey Mexico, It's Time for Another Moment

(Image: Presidencia de Mexico)

February 16, 2016

In 2012, the international press and the Peña Nieto administration declared that it was Mexico's moment. It was the time when the country would reorient its economy and take its rightful place as a leading emerging market. Four years and a few corruption scandals, massacres, and brazen prison escapes later, the label is little more than an afterthought. But let's not be hasty in our rush to abandon the phrase. Actually, let's embrace it. Mexico, it's time for another moment, but this time in rule of law.

President Enrique Peña Nieto assumed office three years ago, taking his country and the world by storm. His technocratic team introduced and pushed forward a stack of reforms that overhauled markets, promised sizzling economic growth, and positioned the country as a market to watch. The energy sector opened up, competition picked up in telecommunications, and structural changes went into effect in labor markets and schools across the country. It seemed, to quote a Financial Times piece, that the Aztec tiger was beginning to sharpen its claws.

There was one critical element missing in this ambitious plan: anything related to seriously strengthening rule of law. In the process of redefining Mexico, the new team ignored the very problems of corruption and violence that had tripped up previous administrations. Armed only with a fresh reframing and a few isolated policy ideas, it is hard to see if and how they planned to thoroughly patch up Mexico's rotten rule of law.

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En 2012, la prensa internacional y la administración de Peña Nieto declararon que estábamos viviendo “el momento de México”. Era cuando el país reorientaría su economía y ocuparía el merecido lugar de líder de los mercados emergentes. Después de cuatro años, escándalos de corrupción, masacres y descaradas fugas de prisión, hoy podríamos decir que aquella declaración es un poco más que una ocurrencia. Pero no hay que apresurarnos en desestimar esa idea del momento de México. De hecho, hay que adoptarla y fomentarla. México, ya es hora de otro momento, pero que esta vez sea en el estado de derecho.

El presidente Enrique Peña Nieto asumió el cargo hace tres años, conquistando al país y al mundo. Su equipo tecnócrata introdujo e impulsó una serie de reformas que dieron nuevos bríos a los mercados, prometieron un crecimiento económico espectacular y colocaron al país como un mercado al que había que observar. Hubo apertura del sector energético, se dio inicio a la competencia en las telecomunicaciones y cambios estructurales tomaron efecto en los mercados laborales y escuelas a través del país. Parecía, citando a un artículo del Financial Times, que el tigre Azteca empezaba a afilar sus garras.

Pero un elemento clave hacía falta en este ambicioso plan: todo lo relacionado con un serio fortalecimiento del estado de derecho. En el proceso de redefinición de México, el nuevo equipo ignoró los mismos problemas de corrupción y violencia que habían hecho tropezar a las administraciones anteriores. Armados con tan sólo una reformulación y unas cuantas ideas aisladas de política, es difícil ver cómo planeaban arreglar por completo el deteriorado estado de derecho de México.

No fue sorpresa que no tuvimos que esperar mucho para que el momento de México diera paso al caos de México. Desde los primeros días del sexenio de Peña Nieto, la administración no pudo detener a los emergentes grupos de autodefensas o a los constantes tiroteos en Michoacán. Pero todo empeoró en septiembre de 2014 con la desaparición de 43 estudiantes. Protestas enfurecidas inundaron las calles de México y tuvieron repeticiones alrededor del mundo. De pronto los inversionistas se mostraron menos seguros. Y también los mexicanos, cuando casi 75 por ciento de la población reportó sentirse insegura.

Al mismo tiempo, México era golpeado con alegaciones de corrupción y conflictos de intereses. Estas acusaciones fueron dirigidas más allá de unos cuantos gobernadores y empezaron a golpear al equipo encargado de las reformas, con el Presidente Peña Nieto y el Secretario de Hacienda en el centro. Y justo cuando las aguas se estaban calmando, el criminal más buscado de México, Joaquín “El Chapo” Guzmán, se escapó de una de las prisiones de máxima seguridad del país. Con esto quedaba más que claro lo que la agenda de reformas no había cubierto.

En respuesta, el gobierno impulsó las políticas gradualmente y con un menor éxito. El presidente Peña Nieto nombró a un zar anticorrupción, quien fue acusado de tener sus propios conflictos de intereses. Se les solicitó a los empleados del gobierno federal que reportaran si tenían conflictos de intereses y sólo menos de la mitad lo hizo. Mientras que la reforma judicial de 2008 debería estar puesta en marcha para junio de 2016, aún no se ha completado en muchos estados. En México un 93 por ciento de los crímenes ni siquiera son investigados.

Es una vieja historia, así que es tiempo de un nuevo enfoque. Conclusión: es imposible fortalecer el estado de derecho con pasos pequeños de forma gradual. Hemos visto un acercamiento prometedor en el manejo de la corrupción y la transparencia a través de una reciente serie de reformas constitucionales, pero México necesita ir mucho más lejos si realmente quiere empezar a inclinar la balanza. Necesita un plan que sea más ambicioso y que al mismo tiempo renueve las leyes, construya instituciones, fortalezca a la sociedad civil y promueva el cambio en varios sectores.

Sin duda, el adoptar un estado de derecho, es más fácil dicho que hecho. Especialmente ahora, cuando los bajos precios del petróleo están robando millones del presupuesto del país. Políticamente, también es poco probable que el gobierno pueda recrear el Pacto por México. Y si le agregamos el hecho de que la promoción de ciertas políticas no sólo podría vulnerar a los aliados políticos sino también llevarlos a prisión, simplemente nunca va a ser popular.

Aun así, para aquellos quienes dicen que esto no es posible, sólo vean a México. Hace cuatro años, México enfrentó a algunos intocables y surgió victorioso, en términos generales. El tigre Azteca puede empezar a afilar sus garras otra vez. Pero esta vez tiene que ser para acechar a los corruptos.

Antonio Garza fue embajador de Estados Unidos en México. Es consultor en la oficina de la Ciudad de México de White & Case. Se le puede contactar a través de tonygarza.com y Twitter,@aogarza.