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Un país en una grave crisis económica

 Chávez y Maduro

(AP Photo)

March 06, 2013

El anuncio de la muerte del Presidente Hugo Chávez ayer tiene grandes implicaciones para el país y la región. En el corto plazo, la primera interrogante es si el vicepresidente y sucesor designado, Nicolás Maduro, mantendrá el control del poder en caso de ganar las elecciones que la Constitución estipula deben realizarse en los próximos 30 días.

No había duda alguna de la muerte de Chávez, sino de cuándo ocurriría. El 7 de octubre de 2012, el mandatario derrotó a Henrique Capriles en la elección presidencial, tras declararse a sí mismo libre de cáncer. Pero, tan sólo dos meses después, resultó claro que su tiempo era limitado cuando -después de 14 años en el poder- hizo un llamado a los venezolanos a elegir a Maduro en caso de verse obligado a renunciar. Días más tarde, regresó a Cuba para su tercera ronda de tratamiento para el cáncer y no pudo regresar para su inauguración el 10 de enero. Ante la creciente presión de la oposición de demostrar su capacidad de gobernar, el presidente regresó a Venezuela para morir dos semanas después.

Chávez deja un país en una grave crisis económica con enormes deudas a China después de años de mala gestión financiera y la disminución de los ingresos del petróleo -una consecuencia de la mala gestión de la empresa estatal PDVSA y un clima de inversión desfavorable para la inversión extranjera. Chávez también creó un país altamente polarizado, donde la violencia y las tensiones sociales se encuentran a la orden del día.

La pregunta es entonces si Nicolás Maduro será capaz de hacer valer rápidamente su autoridad y demostrar su liderazgo sobre el chavismo a pesar de las divisiones que existen dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Sin embargo, enfrenta un potencial desafío por el poder por parte de Diosdado Cabello quien actualmente preside la Asamblea Nacional.

Tras haberse visto obligado a anunciar una devaluación del 32% a principios de febrero, Maduro también tendrá que reafirmar la confianza en la economía y desmentir la especulación sobre medidas económicas adicionales.

A juzgar por su discurso desde Miraflores, en el que acusó a los EE.UU. de ser responsables por el cáncer de Chávez, es evidente que Maduro está recurriendo a la vieja táctica del difunto de culpar al imperio ante cualquier desafío que enfrente Venezuela. Es probable que esta retórica continúe mientras Maduro gana la confianza del chavismo, y manera de cortina de humo para disipar la gravedad de la situación económica.

Para la región, el cambio no será inmediato. Chávez alcanzó gran influencia regional a través de la creación de iniciativas como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y Petrocaribe, pero desde hace algunos meses su ausencia de estas iniciativas se ha hecho más común. Es poco probable que su sucesor designado, Nicolás Maduro, quien se desempeñó como ministro de relaciones exteriores desde 2006 y mantiene buenas relaciones con sus aliados cambie las políticas regionales de Venezuela. Sin embargo, Maduro podría incrementar la retórica antiimperialista.

La mayor de las interrogantes será si el gobierno se regirá por unas elecciones en 30 días. Y si es así, cuál va a ser el camino para avanzar en su posición y frenar el desafío potencial de una oposición unida que finalmente ve este momento como una oportunidad para poner a Venezuela en la dirección correcta.